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Yatasto

Boca resucitó ante Olimpo ganándole 2 a 0

Boca ganó 2-0 y toda la Bombonera se fue rindiéndole tributo a Bianchi. Antes, el mimado fue Riquelme, que aguantó casi 90 minutos y metió el segundo de penal. Más allá de la endeblez defensiva, el equipo metió y fue al frente. No es poco para este momento en el que el equipo venía enclenque, golpeado. Hubo fiesta otra vez, como contra Estudiantes, con el 10 como director de orquesta. No porque Román haya sido genio y figura, sino porque jugó casi los 90 minutos y tuvo su goce máximo con el penal, con ese 2-0 que le dio el golpe de nocaut a un Olimpo que asustaba y que un par de minutos antes casi lo empata.

Hubo cantos y aliento para el equipo, un equipo que obviamente no se va a transformar en eso de un día para el otro. Pero ganar hoy vale oro, aunque no hay que tapar los errores defensivos, la fragilidad que muestra el equipo, al que atacan y complican, por arriba y por abajo. Si bien no es para descorchar champagne, al menos se advirtió una reacción anímica después de la paliza con Vélez. Hubo eso que a veces raramente desaparece, algo de esa malicia y viveza que pedía Bianchi tras la última derrota. Porque aunque el rival ayudó tirándose atrás, lo importante es que se vio a un equipo con la actitud que pedía el DT, atacando, intentando, peleando aunque las cosas no salieran redondas.

¿Qué aportó Riquelme? No fue figura, pero aguantó casi 90 minutos y pateó el penal pese a que Chiqui Pérez estaba en cancha. Si bien no fue decisivo con su fútbol, fue importante desde lo anímico, desde su presencia, desde el contagio, tanto para la gente como para sus compañeros. Tuvo Boca chances en el primer tiempo, sin tanta claridad. Y cuando se le estaba ensuciando la historia en el segundo, se dio esa jugada clásica que muchas veces trae resultados: desborde de Marín, centro atrás y Sánchez Miño a cobrar. Y siguió atancando Boca, pero mostrando otra vez desinteligencias en el retroceso y en la marca: se lo devoró solito Pérez Guedes y Trípodi le sacó el empate a Furios apenas antes del 2-0.

Se lleva buenas conclusiones Bianchi, que gana algo de paz, que le escapa al fondo de la tabla, que ahora enfrentará a un Racing en emergencia. Además de que el pibe Acosta sigue dando argumentos como para seguir de titular (se paró de delantero en un 4-3-1-2), hubo respuesta grupal en lo anímico, hubo ganas de ganar y de responderle a la gente. Y hubo un Riquelme, símbolo eterno, despedido a pura ovación, que acá está. Eso sí, esto no puede parar, un solo partido. Y no puede caer abajo como con Vélez. Tiene que continuar.

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