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Boca y Colón aburrieron en Santa Fe

Boca es un nene. Uno chiquito, amable, juguetón, lleno de berrinches y, sobre todo, con demasiado por aprender. En su inexperiencia expresiva, sufre de una paternal carencia futbolera. El equipo de Carlos Bianchi tiene ganas, eso es claro, pero sigue necesitando que lo lleven de la mano en cada partido. Mira para los costados y, cuando no está Juan Román Riquelme, se desespera por su destino. Entonces, es un equipo a medio hacer. Enfrente, Colón mostró mil carencias más, pero una conciencia mayor de sus necesidades colectivas. Boca fue más, aunque inocente, ante un conjunto menor, pero curtido. El visitante garabateó su chance de pelear el torneo con el 0 a 0 final y mostró que todavía le falta mucho para llegar a ser.

La historia de la noche santafesina se plantó en el campo con mucha claridad. El escenario puso a Boca en poder del balón casi desde el primer minuto. El equipo de Bianchi lo ostentó con parsimonia, casi que con el ritmo de una cumbia de la provincia que visitó. Bailó con pereza y, a pesar de jugar mejor que su rival, ofreció una alarmante falta de mecanismos de desequilibrio. A Boca le sigue faltando la movilidad vertical del ataque, ya que la horizontal, por Fernando Gago y sus socios, está resuelta. Le faltó allí el ideario individual de Juan Román Riquelme, de pase fino y al claro, siempre con ventaja y con un momento para pensar. Entre la corrección para conservar el balón, faltó el desequilibrio.

El Colón de la resurrección ofreció su intensidad habitual. El equipo de Osella tiene el compromiso colectivo y la capacidad para entender el momento por el que pasa la institución. Necesita entregar todo y lo hace de la manera en que lo ejecuta tal vez porque no tiene más que eso. Lo juega como lo vive, al cabo. Aunque ayer, con la fragilidad del costado derecho de la defensa de Boca en la insegura sociedad ocupacional de Claudio Pérez y Hernán Grana, debió ser más agresivo. El Sabalero no terminó de comprender que el partido de Carlos Luque estaba en infligirle puñaladas de velocidad a Grana y no en esperar que el cuatro rival perdiera el balón a 70 metros de su arco. Demasiado tímido.

La gran diferencia entre el primer tiempo y el segundo fue el cambio que Carlos Bianchi desplegó en el entretiempo. De algún modo, Boca debía dejar de lado la posesión monótona para ejercer un fútbol más desequilibrante. Allí, Luciano Acosta sacó a Federico Bravo de la cancha y el visitante despegó un poco de la innecesaria doble línea de cuatro que le quitó opciones durante la etapa inicial. Colón mantuvo su manual de temor y padeció algunas jugadas de gol. Nada demasiado claro por parte de Boca, solamente una inminencia que nunca llegó a ser. Algo que los de Bianchi vienen sufriendo repetidamente. Y entre la dificultad para cristalizar de unos y la cautela extrema de los otros se fue yendo la noche.

Boca fue más por ser Boca y por saberse superior que por realmente entender cómo debía hacerlo. Colón, con su pequeño manual de resistencias, esperó que un error rival le ofreciera un regalo que hubiese sido demasiado grande.

En el final, los de Bianchi apretaron levemente y dejaron la sensación de haber hecho algo más que su rival por llevarse los tres puntos. Pudieron haber gritado una victoria si el árbitro Pablo Díaz hubiese sancionado penal tras la grosera mano de Matías Sosa ante un tiro libre de Nicolás Colazo en el cierre del partido. Pero no se engañe, más allá de los lugares que cada uno ocupó en el campo, lo que Boca jamás fue avasallante. Y si quiere clasificarse a la Copa Sudamericana (el único objetivo posible que le queda) tendrá que vislumbrar otra agresividad fuera de casa.

Boca sigue siendo un nene inexperto que lejos de casa y sin Juan Román vive nublado, aunque sean nobles sus intenciones. Y Colón, que debiera ser eso, por su juventud y momento, parece algo más templado por las inclemencias. Carlos Bianchi deberá esperar otro semestre para volver a sonreír. Ayer, su equipo terminó de perder el torneo y dejó en claro que no está para campeón. El golpe de horno que necesita para madurar todavía está lejos de concretarse.

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