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Convocan a un paro nacional para abril en contra del ajuste

En medio de una inflación galopante, se enrarece el clima político en la Argentina. Las CGT opositoras de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo realizarán el mes próximo un paro nacional de 24 horas en contra del ajuste del Gobierno nacional, del que también participarán la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y La Fraternidad, dos gremios enrolados en al central obrera oficialista que conduce el metalúrgico Antonio Caló. Las cúpulas de ambas centrales enfrentadas al gobierno de Cristina Fernández fueron facultadas ayer por el plenario de secretarios generales y las delegaciones regionales para fijarle fecha al paro nacional de 24 horas, mientras se declararon en estado de alerta y sesión permanente.
La moción del paro con plan de acción incluido fue lanzada por el barrionuevista dirigente del Vidrio Horacio Valdez y aprobado por unanimidad. La sorpresa del encuentro la dieron Roberto Fernández (UTA) y Omar Maturano (La Fraternidad), dos gremios enrolados hasta ayer en la CGT que encabeza el metalúrgico Antonio Caló, que aseguraron la participación en el paro y en medidas de fuerza complementarias, tanto de los colectiveros como los ferroviarios.
Moyano y Barrionuevo quedaron facultados, además, a realizar los cursos de acción que conlleven a un plan de lucha si sus demandas no son satisfechas por la Casa Rosada.
Además, el plenario decidió apoyar con todo la lucha de los docentes y los jubilados a la que definió como “la causa del pueblo”.
Referentes de ambos sectores coincidieron en asegurar que el paro se realizará en abril y acotaron que la fecha de implementación de la medida de fuerza está supeditada a que el Gobierno dé respuesta a las demandas coincidentes de las dos CGT. En un documento aprobado por las dos centrales se ratificó el reclamo por “paritarias libres sin techos ni decretadas en forma unilateral, la eliminación del impuesto a las ganancias, la devolución de los fondos de las obras sociales, el rechazo a cualquier forma de cercenamiento del derecho a huelga y la erradicación de la inseguridad y el narcotráfico”. Al inicio de las deliberaciones Moyano aseguró que el plenario tiene que ver con la construcción de la unidad del movimiento obrero porque según sostuvo ese es el objetivo que reclaman los trabajadores.
“Llegó la hora de exigirle al Gobierno el cumplimiento de nuestros reclamos”, afirmó Moyano y se quejó por la falta de convivencia política y social de la administración Kirchnerista. A su turno, Barrionuevo señaló que “no nos debe extrañar que estemos haciendo la unidad” porque “en el sindicalismo siempre hubo sectores pero cuando cercenan el derecho de los trabajadores, ahí estamos todos juntos en la acción”. Barrionuevo calificó al Gobierno como “pigmeos” y aseguró que “si lo milicos no pudieron con nosotros, menos van a poder estas cacatúas”.
El gastronómico adelantó también que “vamos a pedir a los legisladores la sanción de una ley para derogar el impuesto a las ganancias” y señaló que “vamos a estar en la calle para defender el derecho de los trabajadores”. En tanto, Moyano instó a los trabajadores a que el “día del paro no se mueva un alfiler en todo el país”.
Cuando la última alternativa se transforma en la primera
Convocar un paro nacional antes de haber empezado la mayoría de las paritarias no ayuda en nada a revertir las expectativas económicas negativas que sobrevuelan en el ambiente. ¿Son justos los reclamos sindicales? Eso es indudable, y más aún en tiempos de una aceleración inflacionaria como la actual; lo que llama la atención es que la huelga, una medida que debería ser la última opción, para los gremios se transforme en la primera.
Es evidente que la protesta tiene un componente político, aunque también hay una responsabilidad oficial por no aportar certezas al escenario. Se desconoce aún si el Gobierno va a subir el piso de Ganancias, si va a regularizar la deuda con las obras sociales o si va a homologar aumentos salariales que se acuerden por encima del 27 por ciento. Esa incertidumbre que atraviesa transversalmente a todas las negociaciones sectoriales está convirtiendo a los sindicatos en víctimas y a la Casa Rosada en victimaria. Desde ya, los extremos siempre terminan distorsionando la realidad.

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