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Cortometraje y Psicología: “Ni una sola palabra de amor”

De un viejo contestador automático. Yatasto

De un viejo contestador automático. Yatasto

Circula en la web el cortometraje Ni una palabra de amor, protagonizado por Andrea Carballo y dirigido por El Niño Rodríguez; está hecho a partir de grabaciones auténticas, encontradas en el casete de un viejo contestador telefónico. Se trata de una infinidad de mensajes en los que ella, María Teresa, le recrimina, le enrostra y le reprocha a él, Enrique, el destrato del que la hace objeto. La frase “Ni una sola palabra de amor” forma parte del material grabado. Hoy, los verdaderos María Teresa y Enrique siguen juntos e incluso han concedido entrevistas periodísticas. Lo cierto es que poco se habla de las razones por las cuales el señor espera decenas de mensajes antes de responderle a la dama.
Sin duda, el éxito logrado por el video se vincula con la identificación que el público experimenta al verlo. Es que el corto convoca resonancias de las escenas domésticas que protagonizan miles y miles de parejas en su vida cotidiana. Entonces, ¿por qué el hombre necesita que la mujer le pregunte hasta el hartazgo si él la quiere, o si se van de vacaciones, o si reservó mesa para ir a cenar? (o si sacó la basura, paseó al perro o arregló ese picaporte).
Lacan dice (Seminario “Las formaciones del inconsciente”) que “la relación primitiva del sujeto obsesivo a su propio deseo está fundada sobre la denegación del deseo del Otro. El término ‘negación’ está aplicado al sentido donde Freud nos lo muestra provisto del signo ‘no’”. Por ejemplo, ni una sola palabra de amor.
Este “no” resulta de una reacción de defensa llamada anulación, cuyo principal sostén consiste en generar una demanda asfixiante. Así, a costa de la letanía constante de la queja femenina, el hombre evita asumir que el deseo, su propio deseo, no tiene solución: el deseo, para ella como para él, insiste. Pero, cuando el hombre evita así asumirlo, la falta de satisfacción estructural propia del ser –hombre o mujer– queda a cuenta de ellas. No en vano se ha dicho que la mujer es síntoma del hombre.
El sentido común indica que los hombres huyen de la demanda femenina. Cualquier charla entre varones atestigua las cosas que hacen los tipos con tal de que la mujer “no me rompa las pelotas”. Y sin embargo, la perspectiva psicoanalítica invierte el punto de vista, El obsesivo (léase, para este caso, el hombre) busca que le pidan.
(Por Sergio Zabalza, Psicoanalista. Página 12)