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D’Onofrio: “Si no revierte la historia, Díaz se irá solo”

La comisión directiva no muere de amor por Ramón, pero hoy no piensa en echarlo, y espera un gesto si no mejora. Tras dos derrotas al hilo, se juega mucho el domingo, en el clásico ante San Lorenzo. Si esta dirigencia, luego de ganar las elecciones, debía salir a buscar un técnico para River probablemente no habría elegido a Ramón Díaz después de haber terminado 17° en el torneo Inicial. Pero Passarella ya le había renovado el contrato al Pelado (y por dos años), entonces el escenario que les esperaba era diferente. Más allá del mal semestre pasado, sacarse de encima al técnico más ganador de la historia del club podía tener un costo importante. Por eso la estrategia fue otra: le marcaron el terreno al riojano (“no es el dueño del club, no le vamos a dar la llave”, repetía el presidente durante la campaña) para que sólo se limite a dirigir al equipo, renegociaron los números del contrato (se anuló el 40% de aumento que le había dado el Kaiser) y le exigieron resultados, algo que no significa sólo sumar de a tres sino también formar un equipo que sepa a qué juega. En definitiva, el objetivo de ambas partes es que a River le vaya bien y pueden ser felices juntos, aunque no sea una relación de amor incondicional.

El verano fue verano, pero en el inicio del campeonato el sol se transformó en tormenta en una semana. Hoy se ve todo negro, pero en este fútbol argentino a pura vorágine, en pocos días River puede prenderse en la lucha por la punta. O hundirse definitivamente. Más allá del malestar por el pésimo partido en Santa Fe, en principio, la idea de la CD no es cortarle la cabeza al Pelado. Como dijo D’Onofrio, esperan que Ramón se entregue solito en caso de que el panorama siga empeorando. Hacer público ese pensamiento es también una manera de condicionar al entrenador a tomar esa postura llegado el caso. Si no, el riojano quedaría expuesto ante los hinchas. Así, los dirigentes no cargarían con el peso de una decisión pesada.

Si hubieran echado a Díaz apenas asumieron, el Pelado habría sido un fantasma para cada nuevo entrenador ante malas rachas. “Que vuelva Ramón”, se habría escuchado después de cada derrota. En cambio, si el riojano choca solo, el próximo DT no deberá cargar con esa sombra. Y los dirigentes tampoco tendrán el peso de no haberle dado la chance, como le pasó a Aguilar cuando no le renovó el contrato en el 2002 y luego debió sufrir constantemente el reclamo de los hinchas para que regresara el Pelado.

Ante este panorama, el deseo es que River empiece a ser un equipo, tenga una idea y gane. El primer plazo –como se le escapó a Alonso y ligó un reto– es hasta junio, pero ninguno es necio y saben que si la situación empeora puede acortarse. Sin sacarle la roja sino esperando que se vaya como esos defensores que pegan una bruta patada y encaran para el vestuario sin siquiera esperar que el árbitro les muestre la tarjeta…

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