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Gol de Perillo. El arquero albo sólo mira la jugada. Gimnasia pagó caro defender mal y no saber hacerle un gol a Central. Yatasto

El Clásico fue de Central Norte y lo hundió a Gimnasia al fondo de la tabla

El partido lo ganó Central Norte. Juan Manuel Perillo, aquel delantero relegado y suplente de Altamirano, terminó siendo el héroe de un clásico chato y de bajo vuelo, en el que Central Norte se impuso por 1 a 0 a Gimnasia y Tiro de manera agónica, para descomprimir así una de sus peores semanas del campeonato y de cara a otro clásico (el próximo domingo ante Juventud).
Porque si bien ninguno de los dos mostró excelencia ni alto vuelo, fue Gimnasia el que dominó en gran parte del partido, el que se arriesgó un poco más, el que se rebeló a la mezquindad y el que generó las situaciones más claras. Fue el albo el que hizo casi todo el gasto del partido, pero Central Norte hizo el gol que significó la explosión, el desahogo tras muchas pálidas y que dejó mudos a los millonarios.
En líneas generales, el clásico fue pobre y sus protagonistas no estuvieron a la altura de todo lo que se jugaban (la permanencia y el honor, entre otras cuestiones). Desarmar y romper era más fácil que crear.
La pierna fuerte, las imprecisiones y los nervios pintaron un bosquejo de un primer tiempo ampliamente olvidable, pero en el que Gimnasia estuvo más cerca: primero fue Mauri el que envió su disparo a colocar y se fue cerquita del travesaño (28 min). Luego fue Zárate el que cabeceó desviado tras un pase en profundidad de Héctor López y un desborde de su homónimo Rodrigo (35’).
El complemento fue más entretenido, pero siempre con Gimnasia como estandarte de los ataques. Una volea de Zárate desviada (5 min), un increíble despilfarro de Vazzoler solo frente al arco tras pase de la Chancha (8’) y un remate envenenado de Zárate que se le coló de las manos a De Giorgis (32’) fueron las chances más claras de un millonario que inclinó la cancha frente a un Central que no encontraba el rumbo.
A todo esto, el gran acierto del cuervo llegó de las manos de su hasta ayer cuestionado DT, Gustavo Coleoni: porque si bien el ingreso de Magno no fue determinante intimidó y le dio otra fuerza a sus ataques. Pero fundamentalmente por el ingreso de Perillo, el goleador olvidado, que cada tanto se transforma en protagonista por sus goles.
Una jugada accidental que terminó con dos hombres en el suelo enfrió y empozó el partido. El envión del albo mermó a medida que comenzó a crecer el cuervo. Hasta que apareció él: córner desde la derecha, Aguirre que la peinó en el segundo palo y Perillo para conectar de cabeza a los 43 min, desatar la locura de los hinchas azabaches y apagar los incendios de barrio norte como un bombero salvador. Justo él.

Gimasia y Tiro no supo convertir un gol, y la más clara (la de Vazzoler) la despilfarró. Además no supo defender el cero de su arco. En el gol de Central Norte hay errores garrafales en los defensores albos y del arquero que nunca salió a cortar nada.

“Había que ganar o ganar”
La presencia de Martín Aguirre fue tan importante como la de Juan Manuel Perillo, porque fue el Pelado quien le sirvió la pelota para que definiera el delantero.
“Somos dos equipos con muchas necesidades, esta vez nos quedó a nosotros. Muchas veces perdimos partidos sobre el final. Hoy tuvimos una pelota parada, la aprovechamos bien y ganamos”, consideró Aguirre. El marcador central azabache, quien estará ausente frente a Juventud tras haber visto la roja, luego agregó: “Los clásicos se ganan. Hay que jugarlos bien si se puede. Sino, ganar como sea. En la situación que estamos necesitábamos ganar o ganar”. Aguirre vivió una noche especial, no sólo por su participación en el gol, sino también porque tuvo la visita de su padre.

La “clásica” impronta que prevalece
Si bien el valor numérico de una victoria en un clásico tiene una mera incidencia matemática (sólo vale tres puntos), también es cierto que los clásicos son partidos aparte, tal como suelen repetir sistemáticamente jugadores y DT durante la semana. El valor emocional juega en la cabeza de los protagonistas y muchas veces suelen ser arrestos individuales los que terminan inclinando la balanza a favor de uno o de otro.
La victoria agónica y sufrida del cuervo es una clara demostración de que la repentización, la impronta y la frialdad del momento a la hora de ejecutar una acción terminan prevaleciendo por sobre cualquier planificación sistemática. Mucho se remarcó sobre el buen trabajo de pretemporada que realizó Gimnasia y en el reajuste de cuestiones inherentes al funcionamiento, como ser el aceitamiento del trabajo de pelota parada.
Pero nada de eso valió: ni la planificación ni los aciertos colectivos ni la usina del fútbol bastaron para ganar. La clave fue acelerar en el momento apropiado y encontrar a su referencia de área en el momento y en el lugar justo para meter su cabeza y desatar la alegría del sufrido -y preocupado- pueblo azabache. Los aciertos de un DT (Coleoni vivió quizás su semana más traumática en el cuervo y el llanto del final fue su descarga) a la hora de encajar las fichas justas también tienen su mérito.