Inicio » Destacado » Gabriela, una víctima de la trata, apareció tras 13 años

Gabriela, una víctima de la trata, apareció tras 13 años

La mujer estuvo sometida a los peores castigos en San Luis, donde tuvo cuatro hijos con quien la sometió. Yatasto

La mujer estuvo sometida a los peores castigos en San Luis, donde tuvo cuatro hijos con quien la sometió. Yatasto

Cientos de personas desaparecen en el país todos los años, víctimas de la trata de personas. Algunas aparecen, a otras las siguen buscando a pesar de los años y de la falta de información. A Gabriela Cabrera sus familiares la dieron por muerta durante 13 años y pudo reencontrarse hace poco con sus cuatro hijos, su mamá y sus hermanos, en Córdoba. La Voz del Interior publicó en su edición del sábado la historia de Gabriela, quien padeció una vida de horror en las últimas dos décadas, desde que dejó su casa cuando tenía 14 años. Dijo que recién hoy tiene la esperanza de hacer “una vida normal”. Las estadísticas marcan que la trata de personas se convirtió en el segundo negocio más rentable del mundo, después del tráfico de armas. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que a las redes delictivas les deja ganancias de entre 16 y 31 millones de dólares anuales. Otras fuentes revelan que una persona sometida a esclavitud sexual o laboral puede costar $20 mil en la Argentina.
Gabriela vivía en Jovita, pueblo del sur cordobés, con sus padres. Dejó la casa cuando se enamoró de quien en muy poco tiempo se convirtió en su peor victimario; el hombre resultó ser golpeador, proxeneta y asesino.
“Encontrar a mis cuatro hijos y a mi mamá después de tantos años es como un descanso en mi vida. Yo no sabía nada de ellos y mi vida siempre fue estar en cautiverio, secuestrada, estuve en la calle, en un loquero, estaba mal de la cabeza. Sufrí maltrato psicológico, físico, moral, afectivo, todo lo que se puedan imaginar. No se lo deseo a nadie”, relató Gabriela.
En San Luis tuvo cuatro hijos y ahí empezó el calvario. Según Susana, su madre, la drogaban, la prostituyeron, la tenían desnuda, atada. “En cautiverio tuvo los hijos y en cautiverio se los sacaron. Cuando ella se escapó, andaba en la calle, estuvo en tratamiento psiquiátrico, nadie la ayudaba; era todo droga, mafia”, explicó. Gabriela tiene problemas en los huesos, de pulmón y le faltan los dientes de arriba por los golpes. “Después de que se escapó, tuvo otros cuatro hijos producto de violaciones. A dos nenas se las sacaron. Y vivió escondida por miedo a que la encuentren y le saquen los otros dos”, siguió la mamá.
La historia sigue: en 2002, el hombre que la había sometido y aún tenía a sus cuatro hijos a cargo fue a parar a la cárcel. En San Luis se comprobó que había degollado a su nueva concubina y había asesinado también a una hijita de ésta. Las tenía enterradas en un pozo tapado con cemento en el baño. Ahí fue cuando Susana fue contactada para preguntarle si quería hacerse cargo de sus nietos. Hasta esa llamada, la familia de Gabriela pensaba que estaba muerta.
El relato de la madre “Me volví loca cuando me enteré de todo, me habían dicho que ella andaba deambulando drogada, pero no la pude encontrar y al final ya pensábamos que estaría muerta. De él, creo que a mis nietos hasta les hizo hacer el pozo para enterrar a la otra mujer en la casa. Le pedía a Dios una señal, porque necesitaba una parte de mi alma que estaba muerta”, relató a La Voz del Interior la mamá de Gabriela sobre lo que le pasó a su hija durante esos años.
Susana no se quedó quieta y se enteró de que su hija estaba en Mendoza. Pero antes de que la Policía montara un operativo para rastrearla, Gabriela volvió a dedo a Jovita y pudo, finalmente y tras más de 20 años, reencontrarse con sus padres y sus hijos.
El relato en primera persona
El siguiente es el texto publicado por la Voz del Interior sobre el relato de Gabriela.
“No pude comunicarme con nadie de mi familia todo este tiempo porque uno se enferma de la cabeza. No sabía donde él estaba, si me hacía seguir. Hay muchísimas, miles de chicas como yo. Tantas Gabrielas. Hacen sacrificar a chicas como yo, les dan una vida así, terrible y tan mala. Las chicas si bien no lo dicen, no lo hablan, ojalá tomen la experiencia de mi vida. Yo les diría que tienen que agarrar el teléfono lo más pronto que puedan, o buscar gente buena, porque a pesar de todo hay gente buena que te puede dar una mano en la vida y sacarte del pozo. Encontré gente que me ayudó a escapar y me ayudó”, contó.
Cuando habla de “él”, alude a su expareja, quien se transformó en su proxeneta y explotador. Hace siete años logró instalarse en Mendoza, donde trabaja para una familia. “Estuve toda la vida amenazada, yo no sabía donde él estaba, pero él sí sabe todo de mí. El es la basura más grande que hay en el mundo. Me sacaron las dos nenas porque él me hizo pasar por insuficiente mental. Las quiero recuperar, tengo otros dos hijos, estoy trabajando con una familia excelente que me ayudó mucho”, dijo. El lunes pasado, dos de sus hijos que se criaron en Jovita se despidieron de sus abuelos para irse con su mamá a Mendoza, a conocer a sus dos pequeños hermanos varones y empezar una nueva vida juntos. Los otros dos hijos mayores se quedaron en el pueblo cordobés, en casa de su abuela, porque una está casada y tiene un bebé. El otro tiene trabajo en Jovita. “Lo único que quiero es vivir la felicidad al lado de mis hijos, mis hermanos y mis padres; el sufrimiento ya fue muy grande”, acota. Fuente: El Tribuno