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Yatasto

Juventud y Central empataron en cero

La indecisión, la falta de convicción y la terquedad de su entrenador pesaron ayer en Juventud Antoniana como a lo largo del torneo. Por eso volvió a padecer un clásico frente a Central Norte. Fue empate, sin goles, es cierto, pero el santo dejó nuevamente una mala imagen de cara a su lucha por la clasificación al endecagonal. Es el equipo salteño mejor posicionado en el campeonato pero en la cancha muestra casi las mismas debilidades que su rival, tuvo las mejores chances para marcar y no lo hizo, tampoco supo cómo superar a un rival que perdió sus fuerzas tras la expulsión del defensor Carlos Fretes.
El reparto de puntos le cayó mejor a Central Norte pero que el árbol tampoco tape el bosque: el equipo de Coleoni se mostró limitado, lento e impreciso y, lo que es peor, ya no tendría mucho más para ofrecerle a sus hinchas. Aún así, terminó bien parado un clásico que se le volvió difícil y aguantó sin sus referentes (Fretes, Zurita y Altamirano).
Santos y cuervos armaron un primer tiempo sin brillo, casi sin emociones porque no se animaron. La cautela y el temor de pisar en falso ante el eterno rival bajaron rápidamente las acciones de un clásico que se presumía electrizante.
Juventud le pegó más veces al arco, pero terminó siendo un cúmulo de errores que se hicieron en cadena, partiendo desde el banco. El primer error táctico de Laspada llegó por el lado de Matías Ceballos, quien estuvo prácticamente ausente, pegado a la raya. Alan Sánchez jugó muy retrasado y arriba faltó pimienta en cada aparición de Litre y Prieto.
Enfrente, el cuervo solo se encendió cuando Guerra se olvidó del libreto táctico y cuando Magno se comprometió más con el juego. El resto (Campos, Zurita, Apaza) fue más corazón que otra cosa. Hasta acá, el clásico fue insulso, ninguno se animó a romper el molde.
En el complemento, fue mucho más interesaste, de arco a arco. El árbitro Guaymás Tornero no cobró un penal a Diego Magno. Anuló dos goles a Juventud por clara posición adelantada, uno de Ezequiel Palacio y otro de Matías Fernández. También echó a Carlos Fretes por una doble amarilla; el clásico comenzó a tomar temperatura y el peligro se instaló en las dos áreas. Prieto remató con una media vuelta que se fue muy cerca del arco de De Giorgi y Ezequiel Viola tuvo una respuesta notable ante la arremetida de Juan Manuel Perillo (había ingresado por Guerra).
Pero Juventud debió haber hecho más por su propia cuenta ni bien el cuervo se quedó con uno menos. Y acá otra vez el error desde el banco. Mauro Laspada nunca mandó al equipo al frente, siguió defendiendo con cuatro defensores contra un solo atacante del cuervo. Esa timidez y poca convicción se contagió en el campo de juego, aunque el DT prefirió una vez más culpar al árbitro.
Cristian Badaracco (había entrado por Alan Sánchez) fue otro de los grandes responsables del empate: se perdió dos goles de manera increíble frente a De Giorgi.  Central apeló al sacrificio y al atrevimiento de sus pibes para sostener el empate aprovechando que Juventud la dejaba pasar.
Guaymás, condicionado
El penal fue claro sobre Diego Magno, de Emanuel Martínez. Llegó a pegarle (involuntariamente) al delantero cuervo a la altura del cuello. Pero el árbitro Federico Guaymás Tornero, que venía corriendo de frente a la jugada, no cobró nada. Mucho se había hablado en la previa sobre el arbitraje y, a juzgar por esta acción, el gran error que tuvo en el clásico, el pasado lo terminó condicionando, aunque sea inconscientemente.
Es que en Juventud todos lo criticaron, sobre todo los jugadores y el técnico, por las últimas victorias de Central en los clásicos y las reiteradas expulsiones a Juan Pablo Cárdenas. Y, aunque haya sido una equivocación involuntaria, la presión previa terminó influyendo.
¿Qué pasaba si Guaymás Tornero cobraba ese penal? Hoy, seguirían los lamentos y las acusaciones desde Lerma y San Luis. Y ese fue el único y grosero error. Después, Guaymás Tornero tuvo una buena labor.  Guaymás Tornero, quien pasaría a dirigir en la B Nacional en la próxima temporada, jugó bajo la supervisión de Gustavo Bassi, exárbitro y dirigente del referato nacional, quien estuvo en el Martearena.
Cuando el temor es más fuerte
Perder con el rival de toda la vida causa tanto temor que paraliza. Esto le puede haber pasado a Juventud Antoniana (y a su técnico) que, teniendo dos jugadores de buen pie, capaces de generar juego, no los aprovechó, sino más bien los limitó.
Alan Sánchez y Matías Ceballos no se asociaron nunca y podrían haber puesto al santo mucho más cerca del arco de De Giorgi. Pero los dos se dedicaron más a marcar que a jugar y ese error vino directo desde el banco, aunque ambos jugadores también podrían haberse revelado. Además, desde los 20 minutos del segundo tiempo, Martínez, Palacio, Fernández y Cárdenas marcaron a un solo atacante: Juan Manuel Perillo. Está claro que Juventud se aseguró hasta el último minuto no perder de nuevo contra Central.
Pero ese temor también pone al santo casi al borde de la eliminación. El equipo antoniano ahora necesita ganar los dos partidos que le restan en esta fase regular y esperar otros resultados; varias combinaciones, para poder clasificar al endecagonal.
¿Y qué hay de Central Norte? Tiene lo suyo para preocuparse. El equipo de Coleoni se mostró muy lento para trasladar el balón y casi sin fuerzas en el ataque. Si bien el punto le sirve para jugar la reválida con más tranquilidad, tendrá que hacer algo más que marcar y correr como lo hizo en los últimos clásicos.

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