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Yatasto

Juventud y Central jugarán un partido desempate y uno descenderá al Argentino “B”

En la última fecha de la zona “C” de la Reválida se dio la combinación de resultados más trágica para el fútbol salteño. Central Norte o Juventud Antoniana, uno de los dos descenderá  al torneo Argentino “B”.
El peor de los clásicos de la historia se jugará el próximo domingo, en el estadio Martearena, a las 16. Estuvo contemplado de antemano por el Consejo Federal.
La gran duda y polémica surge ahora con la presencia de los hinchas en este partido. ¿Es conveniente?
Las opiniones son dispares. Ayer mismo el jefe de Policía, Marcelo Lami (estuvo supervisando el operativo de seguridad del partido entre Central y For Ever), fue cauto y solo se limitó a decir que el tema será evaluado entre semana. En realidad sería hoy mismo. “Nosotros debemos darle seguridad y garantía a la gente que viene a la cancha a ver y a disfrutar de un partido, y son muchos”, comentó.
Por su parte, el presidente cuervo, Gabriel Savino, opinó: “Es muy complejo el tema, seguramente lo analizaremos entre todos y con los técnicos expertos en materia de seguridad, pero la verdad es que es difícil tomar una u otra decisión”.
El Gobierno de la Provincia se verá forzado a meterse en el tema y tendrá una encrucijada: si no puede darle garantías a los hinchas en un partido de fútbol será altamente cuestionado. Además, los incidentes como consecuencia del resultado del clásico se podrían producir no solo en el estadio, sino también en los barrios. Es decir, cualquiera sea la decisión, el operativo de seguridad deberá montarse en casi toda la ciudad.
La reunión para determinar la presencia de la gente en este clásico se llevaría a cabo hoy en el Ministerio de Seguridad. La Liga Salteña será una especia de árbitro y la encargada de la organización junto a los clubes.
Por otro lado, tanto Central como Juventud lamentarán si el clásico se juega sin hinchas, ya que repercutirá directamente en la economía. Es que el clásico representaría para ambos más de 300 mil pesos de ingresos que servirían para cerrar los números de la temporada.
Otra posibilidad sería que el Gobierno decida televisar el partido y pagarle a los clubes una especie de indemnización por el perjuicio de jugar sin gente.
Todo será propuesto en la mesa dirigencia que buscará garantizar el clásico más temido por todos.

Jugarán el próximo domingo el desempate por la permanencia; el que pierda descenderá al Argentino B. El Gobierno, los Clubes y la Policía decidirán hoy si se jugará con público. Yatasto

Jugarán el próximo domingo el desempate por la permanencia; el que pierda descenderá al Argentino B. El Gobierno, los Clubes y la Policía decidirán hoy si se jugará con público. Yatasto

Pidieron un árbitro de Primera
Además de la polémica por la presencia de los hinchas, el desempate entre cuervos y santos también despertó un sinfín de sospechas por parte de los dirigentes de Central Norte.
Para asegurarse la imparcialidad en este partido decisivo, ayer mismo hicieron gestiones para pedir que el clásico sea dirigido por un árbitro de Primera División o de la B Nacional.
La sospecha y el miedo nace en la posibilidad de que Juventud cuente con todo el apoyo y los contactos del aparato oficial, es decir, del Gobierno de la Provincia, y que esto termine inclinando la cancha. Lógicamente, los dirigentes de Central no lo reconocerán públicamente por temor a represalias, pero lo manifiestan en voz baja.
Lo que se descarta de lleno es que el clásico vaya a ser dirigido por un árbitro salteño, pero seguramente tendrá en veedor del Consejo Federal. Cabe recordar que en el último gran clásico salteño el veedor fue Carlos De Giacomi, quien luego fue agredido por allegados al santo.
Un gran aliento cuervo
Unas ocho mil personas se hicieron presentes ayer en el estadio Padre Martearena para alentar al cuervo en un momento tan difícil por la permanencia y para empujar al equipo durante la victoria sufrida ante Chaco For Ever.
El operativo de seguridad, que contó con unos 600 policías, no tuvo fisuras y fue altamente efectivo, por lo menos en el estadio y en los alrededores.
Además, el gran temor de los presentes fue el regreso de las agrupaciones de hinchas que habían dejado de ir a la cancha por problemas con otro sector de la hinchada.
Para evitar inconvenientes, la Policía los ubicó en un extremo de la tribuna preferencial y armó un extenso pulmón para que los otros hinchas que siempre van a ese sector de la cancha pudieran ver el partido sin inconvenientes.
De todos modos, los barras se desafiaron a la distancia y, cuando se dedicaban cantos, el resto de los hinchas (los verdaderos hinchas) los reprobó con silbidos e hizo callar a ambas facciones.

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