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Mandar a los chicos a la escuela este año cuesta mucho más caro

Son muchos los gastos obligatorios que una familia tiene en esta época escolar del año: el uniforme, la cuota, el transporte, zapatos, zapatillas, mochila, cuadernos, carpetas y ahora llegó el turno de los libros.
Cada libro nuevo cuesta entre 170 a 200 pesos, salvo los de idioma, que al ser importados cuestan un poco más, unos $250. Si bien el Estado nacional otorga la Asignación Universal por Hijo, que son $600, un chico de secundaria gasta en promedio $1.500 solo en libros. “Los otros días vino una mamá que tiene mellizos y se quería morir porque en la escuela le piden los libros para cada niño, no le dejan que comparta”, dijo Andrea, de la librería Rayuela. “El incremento de precios de los libros es acorde a la inflación, están carísimos, pero los sueldos no aumentan en esa proporción”, dijo Andrea.

Es difícil conseguir los libros usados porque en 2012 hubo un cambio en el sistema educativo que dejó de lado el fracasado sistema europeo de la EGB-Polimodal, para volver a la escuela de “antes” con la tradicional división de primaria, de 7 grados, y secundaria de 5 años. Esto hace que los libros de años anteriores no sirvan porque han cambiado las materias; se unieron algunas y se separaron otras.
“En 2012 y 2013 fue la transición de un sistema a otro y bajamos muchísimo las ventas. Los alumnos usaban las fotocopias porque los docentes sacaban un poco de cada libro y no podían decirles a los chicos que compraran todos. Eso trajo una gran disminución de ventas, pero ya este año las editoriales han acomodado los libros de acuerdo a los nuevos programas y las ventas se retomaron”, contó Andrea.
Por otro lado, se volvieron a dictar materias que habían sido dejadas de lado por el anterior sistema y de las cuales no hay bibliografía nueva, solo quedan ediciones muy viejas que casi no se consiguen en el mercado.
Para los maestros, estudiar de los libros tiene muchas ventajas, ya que el alumno aprende a manejarlo, leer las citas, el índice, tiene colores que llaman la atención (sobre todo en los primeros grados), el problema son los costos que tiene. En casi todos los colegios privados exigen el libro y no permiten el uso de fotocopias, para fomentar el vínculo con el libro.
Los usados son un poco más económicos pero tampoco es tanta la diferencia, rondan los $ 150. De todas maneras, al estar en el período de transición, es difícil encontrarlos: “Las editoriales cambian todos los años las ediciones, pero en algunos casos solo les cambian las tapas y un poco el orden para seguir vendiendo”, dijo una de las libreras del Parque San Martín.
Les cuesta mucho vender libros usados porque los del año pasado no sirven para este año: “Antes los maestros usaban 10 años el mismo manual, hoy las editoriales hacen manuales descartables para poder seguir vendiendo”, dijo la librera.
Ana, una mamá que estaba intentando vender los libros de su hija, contó que los libros estaban muy caros y que su hija generalmente se los compra a las compañeras de años superiores y vende los suyos a otras amigas menores, de esa forma se compran a menor costo y los libros del años anterior sirven para comprar los de este año.
Las libreras explicaron que un libro edición 2012-2013 en muy buen estado lo compraban a 70 pesos, dependía mucho el valor del mismo nuevo, y le ponen un recargo de 30 a 40 pesos para venderlo.
Según los libreros del parque, las ediciones escolares viejas se las venden a los libreros de Jujuy, porque en la vecina provincia no actualiza tanto la bibliografía.
Desde Rayuela contaron también que en muchos bachilleratos piden clásicos de la literatura, como la Ilíada o la Odisea, de alguna editorial en particular, porque tienen una buena traducción; lo mismo pasa con algunas facultades y terciarios. El problema es que muchos de estos libros son importados y entran al país en “cuentagotas”, y cuando lo hacen, es a costos exorbitantes.
Escuelas de la periferia
Ninguna escuela urbana es ajena a la lista de útiles. Es que para los docentes es fundamental tener material didáctico para poder trabajar.
Cada escuela tiene una realidad distinta y en algunas la pobreza dificulta la compra de materiales pedagógicos. “Si bien el Ministerio de Educación envía un bolsón de útiles para cada niño de la salita de 5 y en la primaria, que sirve de ayuda, no es suficiente”, dijo Claudia Ortiz, directora del Nivel Inicial del Núcleo 67, que comprende los barrios Palermo I, Villa Los Sauces y Solís Pizarro.
En este núcleo de nivel inicial las maestras se organizan para que no falte nada. Reutilizan lo de los años anteriores, les dan una pequeña lista de útiles a los papás y además le piden al Ministerio el envío de algunos insumos.
Docentes: mayores gastos y sueldos bajos

Muchas maestras tienen que tomar 4 colectivos por día para llegar a la escuela, y si bien reciben dinero en concepto de movilidad, es un mínimo porcentaje de su sueldo, que en algunos casos “no supera los 15 pesos por mes, cuando gastamos 10 pesos por día en colectivo”, dijo una docente. En el nivel inicial los docentes utilizan muchos materiales didácticos para que los chicos aprendan: goma eva, papel afiche, plasticolas de colores, etc., y lo que el Ministerio envía más lo que los padres compran no siempre alcanza. Para las maestras de la primaria es casi imposible dar clase si los chicos no tienen los manuales, los mapas o la cartilla. Incluso en muchos casos los docentes suelen poner dinero de su bolsillo para ayudar a los alumnos a comprar lo que necesitan para la clase, sobre todo en las escuelas rurales o de la periferia.
Un paliativo para los docentes, sobre todo de la secundaria, son los libros que las editoriales se los regalan a condición de que sea ese el libro a utilizar en el aula: “Las editoriales te dan uno, pero ganan por los 30 que le venden a ese curso”, dijo una librera.
Sara Delgado, ex directora de escuela, contó que recibían por mes 5 litros de lavandina y 5 de detergente para la higiene de la escuela y que para solventar los gastos de limpieza, tizas y otros menores acudían a la cooperadora de la escuela, cuyo pago es voluntario.
El mito del material reciclado
Existe un mito sobre las maestras jardineras basureras, que data de la época de la posguerra en Italia, donde no solo no había dinero para comprar materiales didácticos, sino que además no había lugares donde comprarlos. Es así que las hermanas Agazzi, maestras de la primera infancia, juntaban cosas de la calle para, luego, usarlas en clase. Esa es una práctica que aún hoy se utiliza y dependiendo de su uso puede ser o no didáctica.
Sara Delgado, formadora de maestras del Nivel Inicial, explicó: “Si yo uso materiales de reciclaje con la intención de enseñarles a los chicos el valor de la reutilización de algunos materiales, está perfecto, pero si lo utilizo por utilizar, no tiene ningún valor pedagógico. El sistema educativo tiene muchos usos instalados y nadie cuestiona su valor pedagógico”.
Todo lo que se utiliza en el aula debe tener un porqué. Los chicos deben experimentar alguna experiencia y, con ello, aprender algo nuevo o reforzar lo ya aprendido.

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