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Novak Djokovic: “El tenis me salvó la vida”

Yatasto

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Sonrisa dibujada, sociabilidad aislada de cualquier egocentrismo, mirada chispeante, figura espigada, casi de modelo de pasarela. Novak Djokovic, apenas pisó por primera vez terreno argentino, empezó a encandilar, a enamorar con su simpatía, con sus saludos en castellano. Arribó en el aeropuerto de San Fernando, poco después del mediodía, proveniente de Santiago de Chile. “Hola, estoy encantado de estar aquí”, dijo el serbio, uno de los galácticos del tenis, en perfecto español, idioma que entiende considerablemente y que está aprendiendo a hablar. Djokovic, actual número 2 de ATP (fue N° 1 hasta septiembre), con 41 títulos ganados, seis de ellos de Grand Slam, y más de US$ 58 millones en premios, es gran protagonista, junto con Roger Federer, Rafael Nadal y Andy Murray, aunque éste quizás en menor medida, de una época dorada del arte de las raquetas. Hace sólo unos días Nole conquistó la Copa de Maestros, en Londres, pero ahora está aquí, en Buenos Aires, para disputar pasado mañana en La Rural una exhibición frente a Nadal, su archirrival. Y participará mañana del homenaje a David Nalbandian.

Fue agitado su primera día en la Argentina. Tras cruzar la cordillera, colaboró con cuestiones solidarias en la Ciudad. Cuando apenas era un niño en Belgrado que sufría con los bombardeos de las fuerzas de la OTAN.

Tuviste una infancia difícil, en un país que estaba en conflicto bélico y donde no era sencillo vivir normalmente. ¿Ese contexto te ayudó a perder el temor en otros aspectos de la vida?
-Nunca pensé en los términos que me los estás preguntando sobre el miedo. Pero la guerra incidió en mi enfoque del tenis profesional y también en poder dedicarme más al deporte. La guerra es algo que no le deseo a nadie, es destrucción, es perder familias, perder a los seres queridos y el país atacado tarda muchísimos años en recuperarse. Después, uno siente las consecuencias de ellos. Pero lo positivo de la guerra, si es que puede haber algo, es que mucha gente se une y encuentra la fortaleza pura para superar cualquier cosa que los haya desafiado. En las guerras todos pierden, es lo peor, es devastación. Por eso, repito, el tenis fue una bendición en mi vida.

-En definitiva, el deporte te ayudó a aislarte de lo peor del ser humano, ¿verdad? -Sí, me ayudó mucho mentalmente. El tenis me ha ofrecido muchas cosas positivas en la vida. En mi familia nadie jugó al tenis antes que yo. Cuando tenía cuatro años lo vi por TV, mi papá y mi mamá tenían un restaurante en la montaña, en Serbia, y por allí cerca había tres canchas de tenis. Yo vi cómo las construyeron y me fui enamorando. Mi amor por este deporte es muy grande. En cierto modo, el tenis me salvó la vida. Yo tuve bastante suerte en tener un padre que creía muchísimo en mí y en mis habilidades; también estuve rodeado durante mis pasos iniciales, durante mi niñez, por gente que sabía muchísimo de tenis y que me daban el enfoque para ser un campeón. Y más allá de que yo venía de un país en guerra y con crisis económica, en el que era prácticamente imposible ser un profesional del tenis, el deporte me ha ofrecido todo, incluso más que el éxito deportivo. Me regaló viajar por el mundo, conocer gente, culturas, y para mí, los valores más grandes de la vida son tener amigos y buena relación con la gente.

-¿Y si no aparecía el tenis en tu camino, qué hubieras hecho?
-Mi familia tenía un restaurante en una pista de esquí, en los Alpes, y allí crecí. Quizá me hubiese dedicado a eso, me hubiera quedado en la montaña, limpiando la nieve a las cinco de la mañana para los esquiadores.

-Muchos afirman que esta es la mejor época del tenis moderno. ¿Sentís que realmente es así?
-Tengo 26 años, así que es difícil evaluar si este es el mejor tenis de la historia, porque no recuerdo la época de Borg, Connors, McEnroe. Sí me acuerdo de los que jugaban cuando yo empezaba, de Sampras, Agassi, Edberg. Pero el nivel del tenis en ese momento también era alto, el talento que poseían era maravilloso. Pero por supuesto que el tenis ha evolucionado, hoy físicamente es mucho más exigente de lo que era hace 20 años y cada generación tiene sus propios campeones, sus propias rivalidades, que han dejado un gran legado para que la gente pueda atesorar y apreciar esos momentos. Me acuerdo cuando yo estaba creciendo, que Sampras era mi ídolo y me encantaban los partidos que hacía con Agassi. Y ahora cuando yo juego con Nadal, sé que hay muchos chicos de mi país y del mundo disfrutan de vernos jugar y competir. Formo parte de uno de los grandes momentos de la historia del tenis. El juego está cambiando, mañana vendrá otra generación y quién sabe lo que va a pasar. Es uno de los grandes momentos de la historia.

-Este año perdiste el número 1, sin embargo terminaste ganando el Masters con un nivel fantástico. ¿Qué balance hacés?
-Toda la temporada jugué en buen nivel. Hubo dos o tres partidos clave que perdí, como la semifinal en Roland Garros, la final del US Open y la final de Wimbledon. Fueron derrotas emocionales. Después de perder el US Open me senté con mi equipo, pensamos qué había hecho mal en lo mental y en el juego, pensamos qué era lo mejor para mejorar y luego llegaron buenos partidos. Siento que el trabajo pagó, en los últimos dos meses y medio tuve un buen final. Pero en 2014 comenzaré a entrenarme como Rambo (sonríe) porque quiero recuperar el Nº 1. Las cosas no son fáciles porque Nadal tuvo 8 o 9 meses increíbles y se merece haber terminado como Nº 1. Será importante organizar mi calendario para un año extenso. Los primeros meses serán esenciales para mi objetivo de estar otra vez en lo más alto del ranking.

-De las virtudes que exhibís en los courts, una de las más sorprendentes es cómo te deslizás en cualquier superficie. ¿Es algo natural o ensayado?
-Le presté muchísima atención en mi vida a la flexibilidad. Con mi preparador físico, desde que tenía 15 años, siempre trabajaba en los movimientos dinámicos, en la anticipación en la cancha, porque sé que es esencial el deslizamiento para los grandes movimientos en mi deporte. Justo estaba hablando hace un tiempo con mi preparador físico, tratando de analizar un poquito más por qué siempre me deslizo en la cancha, y lo que él afirmó me hizo pensar muchas cosas verdaderas. Él dijo que como yo crecí en las montañas y esquiaba mucho desde niño, éste deporte influyó en mis movimientos y es verdad, porque los esquiadores tienen tobillos muy resistentes, flexibles, piernas fuertes y bien asentados. Hay algo que tiene que ver en el movimiento de tenis.

-¿Ganar Roland Garros será tu obsesión el próximo año?
-Ganar Roland Garros sería un sueño, sin dudas. Pero los Grand Slams son siempre mi prioridad, son los torneos más valiosos, voy a tratar de ganar cada uno, son importantes los rankings, sí, pero yo quiero ganar Grand Slams, y si lo logro, el ranking vendrá solo. París es el más grande desafío porque enfrente está Nadal, el mejor jugador en canchas lentas, y este año jugamos un partido muy largo, muy parejo, sentí que estuve cerca, eso me dio confianza, pero sé que tengo que seguir trabajando para alzar ese trofeo. Estoy muy conforme con lo que logré en mi carrera, pero no me quedo con ello y voy por más