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Femicidio: Cadena Perpetua por matar a su ex esposa

Femicidio y Cadena Perpetua. Yatasto

Femicidio y Cadena Perpetua. Yatasto

Sandro Vidaurre fue condenado a prisión perpetua por asesinar a su ex esposa, Serafina Amata Yelma en agosto de 2010. También por golpear y amenazar a su cuñada, Paulina Armata Yelma.

La Sala Cuarta del Tribunal de Juicio condenó a Sandro Vidaurre a prisión perpetua por resultar autor material y penalmente responsable del los delitos de homicidio calificado por el vínculo y lesiones leves calificadas por el vínculo reiteradas en perjuicio de su ex mujer, Serafina Armata Yelma, y de lesiones leves y amenazas en perjuicio de su cuñada, Paulina Armata Yelma, todo en concurso real.

El tribunal ordenó asimismo que el imputado continúe alojado en la cárcel penitenciaria local.

Vidaurre atacó a su ex esposa con un arma blanca el 18 de agosto de 2010, en el domicilio que ambos habían compartido, en barrio Democracia. Luego de una discusión, tomó un cuchillo e hirió a su ex mujer en forma reiterada, provocando su deceso.

En el proceso se acumularon otras causas tramitadas previamente contra Vidaurre, quien había sido denunciado por su ex pareja y su cuñada por lesiones leves y amenazas.

El 4 de enero de 2009, el imputado se presentó en el domicilio de su cuñada, Paulina Armata Yelma, donde también se encontraba presente su ex mujer. En ese momento la dueña de casa empezó a recriminarle los malos tratos a los que sometía a su hermana. El hombre reaccionó violentamente agrediéndola con golpes de puño y propinándole un cabezazo en la frente. Antes de marcharse, amenazó de muerte a ambas mujeres.

El 6 de mayo de 2009, Vidaurre concurrió al domicilio de su ex pareja a visitar a sus hijos. Al caer la noche, se negó a retirarse y, en medio de la discusión, atacó a Serafina Armata a golpes de puño y patadas. El hombre cesó la agresión cuando llegó su hijo mayor, quien intervino en defensa de la madre. Algunos vecinos fueron testigos del hecho.

La visión de la Psicoanalista Eva Giberti de la violencia familiar

Las características habituales de los hombres violentos: quien golpea construye placer mediante esa práctica. Pegar “porque se pone nervioso” es una manera de encubrir que golpea porque ese procedimiento expande su Yo: el sujeto se agranda ante sí mismo, se siente poderoso al encontrarse con alguien que no puede devolver el trompazo y que gime pidiéndole “basta, por favor”.

La satisfacción que genera ejercer el poder contra alguien cuya vulnerabilidad le impide defenderse forma parte de las estrategias del golpeador inspiradas en los procedimientos clásicos de las torturas.

Es indudable que entre los golpeadores pueden encontrarse personas con diversas patologías, pero no corresponde utilizarse dicha excepcionalidad para generalizar las actividades violentas de los golpeadores.

Si hay algo que enardece a estos sujetos es su propia convicción de que la víctima puede resistir la golpiza y que podrá obtener de ella algo que no sabe exactamente qué es, pero “algo” que es de ella y de lo cual él no dispone. Sensación acertada: la víctima dispone de su vida, de la cual el golpeador pretende saberse dueño.
Si bien los golpeadores expanden su Yo, se sienten agrandados y encuentran satisfacción en ello, tal cosa no les alcanza, no se sacian y tienen que repetir el procedimiento.

El golpeador sólo se atemoriza ante la denuncia y ante una mujer que aprendió a solicitar ayuda y a exigírsela al Estado como derecho de su ciudadanía. Pero a veces no retroceden y la estadística suma una muerte más.