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Yatasto

Reforma de la ley sindical: la puerta a un posible encuentro entre las cinco centrales obreras

Respeto a normas internacionales, vocación de querer curarse en salud o simplemente pegar primero para pegar dos veces. Cualquiera sea la razón, la dirigencia gremial argentina se encamina al imprevisible desafío de reinventarse. El constructor Gerardo Martínez anticipó que en los próximos días convocará a un encuentro con todo el espectro gremial para coincidir en una reforma que posibilite una mayor libertad sindical. Esto implicará cambiar la ley que regula la vida interna de los gremios en la Argentina, cuestionada en varios fallos de la Corte Suprema de Justicia y objetada desde hace décadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la máxima instancia del mundo laboral. También es un añejo reclamo del sindicalismo alternativo que expresa la CTA, a la que le pasan los años sin reconocimiento oficial del gobierno argentino. Por pocos que sean los cambios, parece seguro que una nueva ley dará mayor margen de maniobra y reconocimiento a las minorías, además de garantizar el derecho de los trabajadores a “constituir las organizaciones que estimen convenientes”. También habrá un coto para las reelecciones in eternum de secretarios generales que se perpetúan en sus cargos.

“Todos estamos apurados por adecuar la ley: el Gobierno, el Parlamento, la Justicia, la OIT. Pero son las organizaciones gremiales las que tienen que debatir y consensuar los cambios del modelo sindical argentino”, señaló a este medio el jefe de la UOCRA, quien va a convocar desde su condición de miembro del Consejo de Administración de la OIT en representación de los trabajadores. Pilar de la CGT oficial, Martínez también es integrante del Comité de Libertad Sindical, el área más sensible del organismo radicado en Ginebra. Habrá que ver cómo se alinean los planetas, pero podría ocurrir la curiosidad de que representantes de las cinco centrales sindicales se sienten a una misma mesa para ver hasta dónde llegan en la readaptación de una ley que es estandarte del peronismo más ortodoxo.

La reunión tendrá el condimento extra que aporten las paritarias, este año signadas por la escalada de precios y la caída a pique del poder adquisitivo de los salarios. Los diferentes posicionamientos frente al Gobierno obviamente jugarán su papel: la reforma saldrá por decreto presidencial. Aunque otra es que al final se termine abriendo una puerta a la unidad, tan declamada pero a la que ningún dirigente se anima hoy a convocar. La Corte Suprema se hizo entender: ya expresó en cuatro pronunciamientos su voluntad de equiparar el ejercicio de ciertos derechos a los dirigentes de los gremios sin personería con los de aquellos que sí cuentan con ese instrumento de invención argentina. Lo mismo piensa la OIT, que reniega de las representaciones monopólicas, a las que ve como sinónimo de parcialidad.  Si se respeta lo que el kirchnerismo negoció con sus gremios adeptos, quedaría a salvo, sí, la famosa personería gremial, una especie de llave maestra del sindicalismo peronista. ¿Qué es exactamente? Es la capacidad que tiene un único sindicato de representar los intereses colectivos de una rama de actividad. Los gremios así reconocidos por la cartera laboral son los únicos habilitados para negociar con los empresarios, cobrar aportes y crear obras sociales.

Con esa condición a salvo, no hay grandes oposiciones a cambiar la legislación en la geografía cegestista. Más, creen muchos que tomar la iniciativa del cambio ayudará a suavizar la reforma. El oficialismo apoya. También Hugo Moyano, que ya delegó estos menesteres en su hijo Facundo, diputado del massismo. Se verá cómo se planta Luis Barrionuevo. Las dos CTA obviamente son las más interesadas, pero reformistas en exceso para el gusto del peronismo, incluida la doctora Cristina Kirchner. La gran pregunta es si la delegación argentina que viaje a la próxima conferencia anual llegará a la OIT con todos los deberes hechos, incluido el reconocimiento a la CTA. Hay tiempo hasta la última semana de mayo.