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San Lorenzo le ganó a Boca 1 a 0 y le hizo precio

Yatasto

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San Lorenzo ganó el clásico porque Boca faltó a la cita. De no haber sido por la heroica participación de Torrico en la historia, atajando el penal del Chiqui Pérez a nada del final, bien se podría apoyar este comentario en la estructura de un monólogo, de principio a fin. Todo de San Lorenzo, en un escenario absolutamente pintado de azulgrana, que debió ser goleada y no fue porque Orion demostró que es otro de los arqueros argentinos con nivel de Selección Nacional.

Para ganar, San Lorenzo encadenó varias facetas en pos de construir una obra que lo dejó en el segundo peldaño de la escalera que conduce a Newell’s, por estos días el objetivo mayor. Tuvo en el Pichi Mercier al mejor jugador del duelo, vital para cantar victoria en la batalla del círculo central, ya que el mediocampista más retrasado funcionó como un filtro impermeable respecto de las tibias intenciones ofensivas de Boca. Además, tuvo un primer pase infalible. La velocidad de los pibes Correa y Villalba, portadores de esas cajas de quinta marcha que distinguen a los ligeritos, fue un martirio para los defensores de Boca, sobre todo para un demasiado vulnerable Erbes, el marcador lateral derecho que el Ciclón castigó con ofensivas a repetición durante la primera etapa. Jamás arrió la bandera de la convicción por ganar los tres puntos ni tampoco flaqueó la fe en ir al frente todo el tiempo. Ni siquiera cuando Orion le atajó el penal a Romagnoli, en pleno dominio y a pesar de que, en apenas 25 minutos, ya había juntado largamente méritos para estar en ventaja.

Cara a cara con este Boca, sin Riquelme y Gago, vaciado de savia creativa y conductiva, que se cobijó en la prudencia para ver si zafaba en la ocasión y rapiñaba un puntito, el equipo conducido por Juan Antonio Pizzi empezó a acumular situaciones de gol desde bien temprano. Correa apuró al Cata Díaz y definió desviado frente a Orion, el arquero boquense agigantó su imagen manoteando abajo un disparo de Correa, un cabezazo de Kannemann -reiterado vencedor en los intensos cruces aéreos- chocó contra un poste, Orion se quedó con el penal de Romagnoli y otro cabezazo de Kannemann encontró bien parado al arquero. Mientras tanto, Bianchi veía cómo sus dirigidos se aglutinaban en dos líneas de cuatro paradas en 20 metros, el Burrito Martínez metía más retroceso que ataque por su costado y Gigliotti plagiaba a esos delanteros de los equipos chicos de Italia (recordar las temporadas de Gabriel Batistuta en la Fiorentina), jugando arriba en soledad y en tal desventaja numérica que un gol o una situación clara para convertir suponía una utopía. A pesar de todo, Gigliotti pudo girar una vez para que Torrico se quedara con su poderoso derechazo.

Bianchi analizó en el entretiempo las dificultades exhibidas por Erbes para custodiar el lateral derecho de la defensa y dispuso un enroque de ubicaciones. Méndez a la posición de Erbes y éste a jugar de volante externo, por ese sector. Pero en la primera jugada del segundo tiempo, Piatti gambeteó a Méndez como si fuera un conito fosforescente y Correa culminó el movimiento con un hermosa definición, previo enganche ante Díaz. Si antes Boca se mostraba en mal estado, tambaleante y vulnerable por todos lados, la desventaja lo acomodó en una mortaja. Romagnoli no convirtió en un mano a mano con Orion y Villaba desperdició una volea a metro del marco. Un cabezazo de Gigliotti pareció poner a Boca otra vez en partido y Riaño junto con Paredes refrescaron mínimamente la ilusión por la igualdad. Hasta que llegó el frente a frente de Torrico y Pérez, en el penal. Fue la única vez que Boca dijo presente, de verdad, en el clásico. Y se impuso el arquero. Como ganó San Lorenzo.