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Tragedia en Bº Miguel Ortiz: “Lo volvería a hacer porque mi familia no me quiere”

La familia Revilla se encuentra viviendo su peor pesadilla, no sólo deben intentar sobrellevar al repentina y trágica muerte de María, en manos de su hijo Jordán, sino que ahora están conteniendo a Fanny y Alejandro, quienes se encuentran hospitalizados y por prescripción médica aún no conocen el fatal desenlace.
Unidos buscan estar presentes en todos lados pero tienen el corazón destruido, sus sensaciones son difíciles de explicar, más aún cuando durante el último encuentro con Jordán, a minutos de que sea trasladado hacia el hospital Miguel Ragone, por orden del fiscal Eduardo Barrionuevo, este no mostrara señales de arrepentimiento.
“No me arrepiento, lo haría de nuevo, porque mi familia no me quiere y me reprochan todo. Yo quería acabar con todos”, fueron las contundentes y dolorosas palabras del joven al ser cuestionado por sus familiares en las instalaciones del San Bernardo.
“La policía se comunicó con los Revilla para que le lleven una muda de ropa a Jordán, porque estaba a punto de ser trasladado al hospital psiquiátrico. Al ver a toda su familia se mostró indiferente ante el dolor que expresan sus rostros, es más estaba como si nada. Su padre desesperado volvió a cuestionarle lo sucedido y fue ahí cuando respondió con total frialdad, su falta de arrepentimiento. No podemos explicarnos el porque de lo sucedido, estamos destrozados”, contaron personas allegadas a la familia.
Por otro lado este matutino pudo saber que algunos de los médicos que atendieron al joven aseguraron que el mismo estaba en sus cinco sentidos, aunque rumores expresan que muchas personas harían advertido a Arturo y María que Jordán no actuaba normal. Aparentemente el joven ya habría registrado un ingreso al Ragone, pero todo sigue siendo materia de investigaciones. De igual forma El Tribuno supo que en febrero el chico había decidido abandonar su hogar y tras la denuncia de sus padres, lograron detenerlo en un colectivo de la empresa Veloz del Norte en Mosconi, cuando viajaba hacia Bolivia.
Lo cierto es que una comisión de policías se encuentran abocados pura y exclusivamente a reconstruir la vida del joven, su entorno, amigos y tratar de identificar en que momento exacto había cambiado su actitud.
Finalmente se esperan los resultados de los estudios que le están practicando para saber si sufre alguna alteración mental que haya sido el detonante de sus acciones, las cuales dejaron a su familia destruida.
Un final sumido en el dolor
La realidad de la familia Revilla es que está terriblemente fracturada, no sólo deben intentar sobrellevar el dolor de la trágicamente muerte de María, sino el peor agravante y es que su propio hijo fue quien la atacó, la degolló sin piedad.
Sus hermanos Fanny y Alejandro sufren minuto a minuto, ambos están muy afectados emocionalmente, a tal punto que ninguno sabe con certezas cual fue el resultado de lo sucedido.
El Tribuno pudo saber que ambos reviven a cada instante lo sucedido por lo que debieron restringir las visitas de sus amigos y compañeros de estudio.
Por otro lado, Alejandro luego de algunos estudios iba a ser dado de alta, mientras que Fanny ya cuenta con una autorización para ser llevada por unos minutos hacia la sala velatoria para poder despedirse de su madre, contó una fuente cercana a la familia.

Lo que pasó

Era una noche tranquila la que comenzaba a transitar en la calle Las Heras, cuando los vecinos escucharon gritos desgarradores y pedidos de auxilio proveniente de la casa de los Revilla, una familia de nacionalidad boliviana compuesta por Arturo y María, quienes trabajan en el Mercado San Miguel, donde tienen un puesto de artesanías con el que mantienen a sus tres hijos Fanny, de 23 años; Jordán de 19 y Ale de 14. Asustados llamaron al 911 mientras poco a poco se concentraron en la entrada, de repente la puerta se abrió y totalmente ensangrentado apareció descalzo el menor de la familia, Ale. “Mi hermano me quiere matar”, expresó presa del pánico.
Casi al instante salió María, tenía una profunda herida en el cuello, dando muestras de que tenía dificultades para hablar y a los pocos metros cayó.. Los vecinos impresionados y sin saber que hacer cubrieron sus heridas con toallas, para intentar parar la hemorragia.
La escena parecía una película de terror y se agravó aún más cuando Fanny también abandonó la morada cubriendo su abdomen con una almohada del que emanaba abundante sangre.
Mientras llegaban las ambulancias y en medio de un caos los vecinos vieron aparecer a Jordán bañado en sangre. Se asomó a la vereda, miró a su alrededor y salió corriendo en dirección a las vías del ferrocarril, mientras su madre balbuceando decía: “perdonen a mi hijo por lo que acaba de hacer, perdonenlo”. Esas fueron sus últimas palabras.
Tras esperar algunos minutos, que para todos fueron eternos, finalmente llegaron las ambulancias y trasladaron de urgencia a María, quien lamentablemente murió en el camino a raíz de la gravedad de sus heridas. Luego Fanny fue llevada al hospital San Bernardo, donde debió ser operada de urgencia. “Jordán le perforó los intestinos, la operaron durante cuatro horas y tuvimos que buscar varios dadores de sangre. Ella de milagro esta fuera de peligro, aunque emocionalmente está destruida”, contó un familiar de la joven a El Tribuno. Por su parte, Ale, luego de ser estabilizado en el San Bernardo fue trasladado al hospital Materno Infantil, donde le están brindando ayuda psicológica.
Cuando la policía llegó, salieron en búsqueda de Jordán, a quien encontraron a cuatro cuadras de su casa totalmente ensangrentado y con algunos cortes en los brazos, y por ese motivo fue trasladado también al San Bernardo. Allí fue increpado por su padre. “Qué hiciste…”, le expresó mientras era contenido por los custodios del joven. Luego el fiscal Eduardo Barrionuevo y el juez de Garantías 4 Diego Pipino ordenaron su traslado a la Alcaidía judicial, acusado de homicidio y lesiones agravadas por el vínculo. (Fuente, El Tribuno)

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