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A favor y en contra del Fútbol

Pocas batallas han sido tan arduas y persistentes como la mantenida, hace relativamente poco tiempo, por el fútbol y los literatos. Ya en 1880, en Inglaterra, el país creador, Rudyard Kipling se rió del fútbol y “de las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. El modelo de intelectual de la época, un alfeñique desgarbado con una barba kilométrica y con cierto desprecio hacia lo mundano y habitual, no veía peor mal que aquel juego diseñado por los imperialistas para distraer al pueblo de la lucha de clases.

Pero la peor época fue en los inicios del siglo pasado. Al Río de la Plata llegaron los británicos que convirtieron a esta zona en una de las más futboleras del mundo y, en Uruguay, el poeta Julio Herrera y Reissig fue uno de los mayores opositores al nuevo vicio. A él, un conocido político y periodista de aquellos días, el doctor Pedro Manini Ríos, le respondió con las siguientes líneas en un tono bastante exagerado:
Al señor Julio Herrera y Reissig se le ha antojado que nuestra juventud debe descuidar su físico, haciéndolo degenerado y misérrimo para gozar del concubinato con las musas ideales. Nosotros opinamos en sentido diametralmente opuesto. No podemos comprender cómo se pretende que crezca y desarrolle el vigor intelectual de nuestra muchachada, cuando la mayor parte de ella prolonga sus días a remiendos; cuando todas las vivacidades del espíritu se debilitan y agostan y acaban por ceder ante las exigencias de un organismo enclenque y raquítico. Toda irregularidad orgánica, todo estado patológico de la fisiología del individuo, señala un tropiezo paralelo en las funciones de su inteligencia. ¡Y encima se les predica a nuestros jóvenes que abandonen los fútbols (sic) y los gimnasios y se entreguen a las vanas superfluidades de la literatura!
Aunque, evidentemente, el arte no podía permanecer impasible ante tamaña belleza durante mucho tiempo. Unas décadas después, Albert Camus, una de las figuras prominentes de las letras francesas, afirmaba que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”, retornando al viejo aforismo latino del mens sana in corpore sano. No obstante, Jorge Luis Borges, el más universal de su tiempo, lo consideró un “deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”. Para luego añadir: “Mucho más lindas son las riñas de gallos”.

A fin de concluir este artículo, dejo una frase de Eduardo Galeano. Para el autor de El fútbol a sol y sombra “la mayoría de los escritores de América Latina somos futbolistas frustrados”.

¿Práctica enriquecedora o pérdida de tiempo? ¿Divinidad o sandez? Todo depende del cerebro que lo juzgue y -cómo no- de la mano que lo escriba. (Fuente: Curistoria)

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