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Yatasto

Eliseo Verón: “Internet es el golpe de gracia de la TV”

Semiótica. El autor de “La semiosis social 2” analiza aquí el presente y futuro de los medios y encuentra audiencias nuevas y autónomas. El Homenaje de Yatasto para este intelectual de fuste.

“Mal que les pese a los posmodernistas, hoy tenemos algunos Grandes Relatos que contar: uno de ellos es la historia de la semiosis humana”. Así anuncia Eliseo Verón uno de los aportes más novedosos de su nuevo libro, La semiosis social 2: la mirada histórica sobre la evolución de la semiosis y la indagación en los orígenes de la especie en busca de los primeros fenómenos mediáticos. Las recientes especulaciones de este intelectual –cuyas categorías y modelos de análisis forman parte de la caja de herramientas de todo aquel que aborde los problemas de la comunicación– están orientadas por una perspectiva transdisciplinaria en la que se cruzan las ciencias sociales y las ciencias biológicas, con aportes de disciplinas muy nuevas, como la neurobiología o la neuropaleontología. Así, recorre ese camino que se inicia con las fabricación de los primeros útiles de piedra y el surgimiento del lenguaje, seguirá con la escritura, la imprenta y otros momentos clave en la historia de la mediatización, hasta llegar a la revolución y el desconcierto que produce Internet en la actualidad. Plantea, también, hacia el final, otro tipo de problemas ligados a los estudios de la recepción y a la forma en que las lógicas socioindividuales se cruzan con las lógicas mediáticas. Algunas de estas cuestiones fueron tema de esta entrevista.

–En qué sentido este libro es una continuación de “La semiosis social”, su libro de los años 80?

–Me parece que es una continuación porque es más teórico, se plantean ciertas cuestiones de fondo que estaban planteadas en el otro, como la relación entre la semiosis y el campo social. Aunque también hay datos empíricos y datos de investigaciones que estaban en francés y no habían sido publicadas en castellano.

–Al abordar problemas como el del origen de la semiosis y del lenguaje, usted cuenta que en el siglo XIX en Francia estaba prohibido preguntarse por el origen biológico del lenguaje. ¿Cuál era la razón de esa prohibición y cuál la de retomar esa pregunta hoy?

–Esa prohibición era una regla interna de la Sociedad Francesa de Lingüística. La razón, creo, era que pensaban que sólo se podía especular filosóficamente sobre el tema y que no había manera de tratarlo científicamente. Detrás había una concepción del lenguaje que duró hasta hace muy poco, según la cual el lenguaje o apareció todo de golpe o no se puede explicar. No podían comprender que hubiera evolucionado. Estaba mal visto plantearse ese tipo de problemas.

–Veían allí una falta de rigor…

–Claro, como plantearse preguntas chantas. Y ahora ese tema es central, creo que por los progresos en neurobiología. Y han surgido disciplinas que antes no existían: la paleontología es una vieja disciplina que estudia los rastros históricos de la evolución, pero la neuropaleontología hace 20 años no existía.

–¿Cuáles son sus conclusiones acerca de los primeros fenómenos mediáticos en el hombre del paleolítico?

–Depende de la semiótica que uno tenga. Benveniste era incapaz de comprender la evolución progresiva. O el lenguaje surgió como un milagro de dios o no se entiende, porque o la estructura de la lengua funciona así, completa, o no se puede explicar. Es un antievolucionista. Hoy en día todo el mundo está de acuerdo en que la teoría que uno use no puede ser contradictoria con el neodarwinismo. La semiótica de Benveniste está focalizada en el lenguaje. La semiótica de Peirce, en cambio, se interesa en todos los procesos de signo. Es probable que otras configuraciones semióticas muy distintas sean anteriores al lenguaje, la gestualidad, una cantidad de otros signos. Entonces la evolución se plantea de manera distinta. La ventaja de Peirce, además, es que los tres tipos de signos –íconos, índices y símbolos (los símbolos son el lenguaje)– son cualitativamente distintos, no se puede considerar que uno es el ancestro del otro. Esa teoría más compleja da más posibilidades de tratar de leer qué pasó.

–Es decir: no puede decirse que primero sería lo icónico, luego lo indicial…

–Es complicado. Hay cuestiones sin resolver. Una hipótesis podría ser que las relaciones de proximidad, el contacto físico y la gestualidad que lo acompaña, hayan sido una de las formas primeras de comunicación. Y ese nivel, como en un recién nacido, puede funcionar sin lenguaje.

–Usted plantea una relación entre el surgimiento de la semiosis y la técnica.

–Sí, ese es un tema interesante, viene por el lado de un hecho neurológico y es que el centro de control de la mano y el de la boca están muy próximos en el cerebro: la boca que es el lugar del lenguaje y la mano que es el lugar de la técnica. Algunos autores –yo también– piensan que hay una relación muy estrecha entre el surgimiento de los primeros fenómenos técnicos y el surgimiento del lenguaje. Por eso señalo que la emergencia de las industrias líticas, la construcción de útiles de piedra, constituye el primer fenómeno de la semiosis humana. Es algo muy antiguo. Como el proceso del lenguaje duró millones de años sin escritura, no se puede saber cuándo el sapiens empezó a hablar. Pero las pruebas indirectas indican que cuando empezaron a fabricar útiles, ya algo hablaban. La transmisión de las técnicas se facilita si se pueden nombrar ciertas cosas. Algunos teóricos señalan que la complejidad de las secuencias de conducta que hay que aprender y reproducir para terminar en una punta de flecha es una complejidad comparable con una frase. Ahí habría una especie de parentesco.

–¿Cuáles eran las condiciones biológicas necesarias para el surgimiento del lenguaje?

–Hoy hay un cierto consenso en la necesidad del bipedarismo, que hace posible el crecimiento del cerebro. Hace siete millones de años ya había simios que caminaban en dos patas. Pero las industrias de la piedra empezaron hace dos millones y medio. ¿Qué pasó en esos cinco millones? Nada, paseaban por la jungla. Y de golpe, lo que llamo un fenómeno mediático: la punta de flecha es la exteriorización de un proceso mental, que es lo que permite fabricarla. A partir de ahí, las cosas se aceleran inmediatamente. Cada vez que hubo un dispositivo técnico de comunicación que la sociedad adopta, se acelera la historia humana, es una constante de la mediatización. Pasó desde la fabricación del útil de piedra, la imprenta, el cine, la TV. Internet, ni hablemos.

–Veamos el presente. Respecto de la TV, usted señala como un rasgo distintivo la cuestión del contacto, la función fáctica de Jakobson: los ojos en los ojos. ¿Es un rasgo que hoy define a la TV?

–Sí, se mantiene porque hay formas de la televisión histórica que no van a desaparecer tan rápido. Cuando se pasó de las informaciones cinematográficas al noticiario de TV inmediatamente surgió eso, el conductor televisivo que me habla y me mira. Eso fue una de las características fundadoras de lo que fue la televisión.

–¿En qué medida Internet es el fin de la TV?

–Internet es el golpe de gracia. No es el culpable de la crisis de los diarios ni del fin de la TV, que viene de antes. El consumo programado se termina. Voy a ver el programa que se me cante cuando se me cante. El broadcasting es una programación fija donde yo sé que a las 14 hay una telenovela, a las 20 un noticiero, eso se acabó. Era un privilegio exorbitante. En ningún mercado el productor controla el consumo mismo. Es como si yo comprara una Coca cola y pudiera tomarla sólo a las 18.30.

–Internet produjo una desorientación en el negocio publicitario.

–Internet destruyó las fronteras entre todas las audiencias. Ahora el consumo de los medios se parece al consumo de cualquier cosa. Ya no se sabe muy bien quién está consumiendo qué y cuándo. Curiosamente, las audiencias son mayores que antes pero están dispersas en el mundo: en YouTube un video es visto por cinco millones de personas en 48 horas. Hay una creciente divergencia entre los consumidores y la oferta. Es con lo que están luchando los grupos de comunicación.

–Desde el punto de vista de los consumidores, ¿considera que Internet implica un espacio de mayor libertad?

–Sí, por un lado por esto de liberarse de la programación. Y, por otro, el receptor tiene por primera vez un switch entre público y privado. Yo puedo subir a Internet algo y ponerlo a disposición del planeta. El planeta puede no interesarse, pero si le interesa, es un discurso público.

–En el libro usted llama la atención sobre el cuerpo al analizar el comportamiento de los visitantes de una exposición al centro Pompidou.

–Ahí estoy llegando a ciertos problemas no resueltos. Es decir, me di cuenta de que voy a tener que escribir otro libro. Me interesan cada vez más las lógicas que están en la recepción. La cuestión de los cuerpos como operadores de apropiación de discursos, ya sea un diario, ya sea una exposición, ya sea la música. Presento investigaciones sobre el tema: sobre las exposiciones en Pompidou y sobre el viaje en subte. Curiosamente esto reaparece ahora porque Georges Amar –con quien trabajé– traduce al español su libro “Homo mobilis: la nueva era de la movilidad”.

–¿Cuáles son las preguntas que usted se formula en torno a estos problemas de la recepción?

–Lo que quiero entender es un encuentro entre las lógicas de los sistemas mediáticos y las lógicas de los sistemas socioindividuales y de las personas. Cada vez que alguien consume el discurso de un medio, mira un diario, un filme, hay un encuentro entre esas dos lógicas. A mí me interesa entender ese encuentro. (Revista Ñ)

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