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Yatasto

River apenas pudo empatar en Bahía y dejó a Gimnasia solo en la punta

River tiene un estigma: le cuesta una enormidad ganar de visitante. Apenas lo hizo en la Bombonera. Después, empató cuatro veces y perdió tres. Y esa dificultad -esa limitación, en definitiva- le impidió llegar a la punta y lo obligará a correr de atrás a Gimnasia cuando quedan tres fechas para el final. La certeza, en definitiva, es que River dejó de depender de sí mismo para dar la vuelta olímpica que se le niega desde hace seis años.

Para River era una prueba de carácter la de anoche, aquí en Bahía Blanca. Porque estaba obligado a ganar para alcanzar a Gimnasia. Porque la cancha de Olimpo se le había vuelto un reducto complejo: después de festejar triunfos en sus tres primeras visitas, venía de dos caídas y de un empate en sus últimas presentaciones en el Roberto Carminatti. Y porque fuera del Monumental sólo había ganado el Superclásico. La victoria más anhelada por los hinchas, sí, pero una alegría insuficiente para respaldar una campaña que pretende desembocar en el título.

Y River no logró superar el examen ni en la actuación global, que fue despareja, ni en ese 1 a 1 escaso para sus aspiraciones.

A diferencia de lo que suele ser habitual de visitante, River salió a jugar con el mismo protagonismo con el que lo hace en su cancha. Fue a buscar el partido con decisión y mucha concentración para pelear cada jugada.

Pesadísima por la lluvia que cayó durante todo el día y hasta cuatro horas antes del encuentro, la cancha le jugaba en contra a sus buenas intenciones. Sin embargo, River apostó por el toque y la circulación prolija del balón. Y a nadie le asombró cuando, a los 15 minutos, Carlos Carbonero puso el 1 a 0 con una genialidad: enganche exquisito en la puerta del área y zurdazo contra el palo derecho.

River siguió gobernando el desarrollo hasta los 40 y Fernando Cavenaghi estuvo cerca del segundo con dos remates de media distancia.

Daba la sensación de que Olimpo sólo podía llegar a complicarlo a través de alguna pelota parada. Y en los últimos cinco minutos del capítulo inicial no sólo lo empató después de esa jugada preparada que nació en Leonardo Gil, siguió en el cabezazo al corazón del área de Dylan Gissi y terminó con el frentazo goleador de Pablo Lugüercio. Antes hubo una atajada enorme de Leandro Chichizola ante un cabezazo de Iván Furios, un tiro alto de José Valencia desde el área chica y un centro venenoso de Lugüercio que Gil no alcanzó a conectar de taco. River se había metido demasiado atrás en ese tramo del juego.

Y también se sintió muy incómodo en el primer cuarto de hora de la etapa final. Subido al impulso anímico que le había dado el empate, Olimpo tuvo toda la ambición que no había mostrado en el arranque y merodeó el área visitante con peligro varias veces.

Ramón Díaz sacó a un desconocido Cristian Ledesma (además estaba amonestado) y lo puso a Matías Kranevitter, y buscó mayor presencia en el área con la entrada de Giovanni Simeone por Jonathan Fabbro. River mejoró, salió del acoso y Leonel Vangioni casi anota el segundo con un zurdazo que, después de rozar en el guante derecho de Nereo Champagne, explotó en el palo derecho. Olimpo quedó parado de contra y River, sostenido en la seguridad y el empuje de Maidana, lo buscó hasta el final pero no pudo. Pareció muy tarde el ingreso del Keko Villalva, a cinco minutos del final (reemplazó a Rojas). Para ser campeón, también hay que ganar de visitante…

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